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La razón por la que tu mente no se puede dormir en la menopausia

Millones de mujeres lo viven cada noche y casi ninguna sabe por qué. Esto es lo que nadie se ha parado a explicarte, y lo que por fin empezará a cambiar tu sueño.
Escrito por Carmen Suárez
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Reconoces alguna de estas noches

Estás totalmente agotada.Llevas todo el día esperando el momento de descansar. Y en cuanto apoyas la cabeza en la almohada,tu mente se enciende:que si una conversación que tuviste, que si la factura sin pagar, que si dejaste el horno apagado. El cuerpo pide descanso a gritos, pero la cabeza no encuentra el interruptor del sueño. Pasan los minutos, luego una hora y el bucle interno de pensamientos sigue.

O quizá te duermes sin problema, pero en la madrugada abres los ojos de golpe. Y ahí está otra vez esa mente en marcha, repasándolo todo, mientras la casa duerme y túte quedas mirando el techo, completamente desvelada.

O lo vives por partida doble: te cuesta que la mente se apague al acostarte y, cuando por fin lo consigue, vuelve a encenderse de madrugada. Un sueño ligero, partido, del que despiertas sin haber descansado realmente.

Cambia el momento, pero el problema es el mismo: tu mente no consigue apagarse. Y eso no es carácter, ni estrés, ni "hacerse mayor". Es algo muy concreto que le está ocurriendo a tu cuerpo.

La culpa no es tuya. Tenlo claro.

Puede ser que lo hayas intentado todo. Las infusiones. La melatonina. Acostarte antes, mirar menos el móvil (aunque sea dificil después de no haber tenido ni un momento para ti), o quizá unos ejercicios de respiración que te enseñó una amiga.

A lo mejor fuiste al médico y saliste con algo que se concluía en "es la edad, hay que llevarlo lo mejor posible" y te quedaste con la sensación de que no te habían escuchado.

Y mientras tanto, alguien estápagando el precio de tus noches.

Tu paciencia con los que más quieres.

Tu concentración en el trabajo.

Esa versión tuya que se reconocía en el espejo y que últimamente aparece menos.

Que quede claro: el problema no es que no lo hayas intentado. Es que nadie te ha explicado contra qué estás luchando en realidad.

Lo que de verdad te está pasando: el freno que se soltó

Durante toda tu vida adulta, tu cuerpo tuvo un freno natural. La progesterona. Esta hormona en la menopausia se desploma, y su presencia tiene un efecto calmante sobre el sistema nervioso. Es, en buena medida, lo que permitía que por la noche tu cuerpo bajara de revoluciones y se dejara ir hacia el sueño.

Cuando esa hormona cae, el freno se suelta. Y tu sistema nervioso se queda enganchado en "modo alerta": el mismo estado que te mantendría espabilada ante un peligro, solo que ahora se activa sin motivo, en tu propia cama, a las tres de la madrugada. Es esa sensación frustrante y tan difícil de explicar de estar agotada pero con la cabeza encendida en todo y nada a la vez.

Vuelve ahora a esas noches del principio. Esa mente que se enciende al acostarte no es que "le des demasiadas vueltas a las cosas": es tu sistema nervioso que no encuentra el freno. Ese despertar de la madrugada con el corazón un poco acelerado es el mismo sistema, activándose justo cuando debería estar en su punto más bajo. No estás rota. No te has vuelto una persona nerviosa. Tienes un sistema nervioso sin freno, y eso, por fin, es algo con nombre y con explicación.

Por qué ni las hormonas ni las pastillas son toda la respuesta

Llegados a este punto, quizá pienses en las dos vías más obvias: reponer lo que falta o forzar el sueño.

La primera, la terapia hormonal para la progesterona, es una decisión médica legítima que tu ginecólogo puede valorar contigo. Pero no todas las mujeres pueden o quieren pasar por ella; es un proceso largo, costoso y que puede ser otra piedra más en el camino.

La segunda es la pastilla para dormir. Pero un somnífero no apaga la alerta: te seda por encima de ella. De ahí que te levantes espesa, que te preocupe la dependencia, y que muchas mujeres acaben diciendo eso de "ya no me hace nada".

No necesitas que te obliguen a dormir a la fuerza. Necesitas que tu sistema nervioso recupere el freno. Y para eso existe una tecnología distinta, una que no actúa sobre el sueño, sino sobre la alerta que lo impide.

La tecnología CES: calmar el sistema nervioso, no forzar el sueño

Se llama CES, siglas en inglés de estimulación eléctrica craneal. No es una moda de wellness: es una tecnología que se investiga desde hace más de un siglo, reconocida por la FDA en Estados Unidos como categoría para el insomnio y la ansiedad, y respaldada por más de cien estudios en instituciones como UCLA (Universidad de California).

Su funcionamiento es tan sencillo como suena. A través de unas pequeñas pinzas en los lóbulos de las orejas, emite una microcorriente tan suave que solo notas un ligero cosquilleo en la cabeza. Esa señal ayuda a tu sistema nervioso a hacer justo lo que la menopausia le impide: pasar del modo alerta al modo calma. En lugar de sedarte, le devuelve el freno.

Y aquí viene la parte que nos importa que sepas, porque estamos tan cansadas como tú de las promesas milagro: la CES no es magia y no cura la menopausia. Pero la sensación de calma se nota desde la primera sesión, y el cambio real en el descanso se construye a lo largo de 2-4 semanas.

En el transcurso de un mes puedes pasar a tener un sistema nervioso que sabe calmarse por la noche y dejarte dormir.

iMeno: esta tecnología, en tu mesilla de noche

iMeno es el dispositivo que trae la tecnología CES a tu casa.

Son 20 minutos al acostarte: humedeces las pinzas, te las colocas en los lóbulos, eliges tu intensidad y te tumbas. A los 20 minutos se apaga solo.

✓ Solución respalda por cientos de estudios en instituciones de todo el mundo.

Sin app.

Sin gastos recurrentes de suplementos, somniferos o infusiones.

✓ Solo 20 minutos cada noche.

Sin nada que aprender. Se recarga como el móvil, pero solo una vez por semana.

No te pedimos que nos creas a ciegas. Te proponemos algo mejor.

Pruébalo tu cama, no en nuestra web.

Sabemos que ya te han decepcionado antes, así que el riesgo lo asumimos nosotras. Puedes probar iMeno durante 30 noches en tu propia cama. Si no notas la diferencia, nos escribes y te devolvemos el importe íntegro. Sin cuestionarios y sin letra pequeña.

Tu cuerpo no ha olvidado cómo dormir. Solo necesita que alguien le devuelva el freno que la menopausia le soltó.